La intervención fue acompañada por la asistencia del personal de Salud, que luego constató el buen estado de la niña y de su mamá.
Todo ocurrió el viernes por la tarde, alrededor de las 19:40. La mujer, de 24 años, se presentó en la dependencia policial con su hija en brazos y pidió ayuda ante el cuadro respiratorio que atravesaba la pequeña.
Frente a la urgencia, el jefe de la unidad intervino sin demora. Tomó a la bebé y la colocó boca abajo para realizar las maniobras de desobstrucción, con leves golpes en la espalda, de acuerdo con el procedimiento aplicado para liberar las vías respiratorias.
La situación exigía actuar con precisión. La pequeña tenía las vías aéreas obstruidas por mucosidad y necesitaba recuperar la respiración. En ese momento, la intervención del subcomisario resultó determinante: las maniobras permitieron despejar la obstrucción y, poco después, la bebé rompió en llanto y volvió a respirar normalmente.
Mientras asistía a la niña, también se solicitó la presencia del SIARME para que recibiera atención médica. Los profesionales llegaron a la Comisaría y examinaron tanto a la pequeña como a su madre, con el objetivo de verificar su estado tras el episodio.
La evaluación médica confirmó que ambas se encontraban en buenas condiciones. Con la emergencia superada y la tranquilidad de saber que su hija estaba bien, la mujer pudo retirarse de la dependencia policial junto a la bebé.
La intervención dejó en evidencia una faceta esencial de la tarea policial: la capacidad de responder ante una emergencia que no admite demoras, incluso cuando no se trata de un procedimiento de seguridad, sino de una situación en la que la asistencia inmediata puede resultar decisiva para proteger una vida.
